Javier Toro O El Desnudo Poético
Tratar el desnudo femenino a sido pasión del artista verdadero. La historia del arte así lo precisa. Desde la prehistoria, las Venus paleolíticas exhiben sus atributos, subrayando el anónimo creador plástico el papel que cabe a la mujer el compromiso de conservar y convertir perdurablemente la especie. Las llamadas Venus De Brassempouy, Lespugue y de Willendof son estatuillas casi totémicas, elaboradas en materiales de la época y con un noble sentido de reconocimiento étnico. ¿Mas en qué momento de su inspiración el plasmador de lo bello encontró la suavidad del contorno femenino para perennizarlo en su obra? Existen, a través del decurso de los tiempos, aproximaciones a la expresividad de lo venusino, vale decir a lo que comporta un deleite valorativo frente al enigma de la estampa sensual...
Estas sutiles y elementales consideraciones nos las hemos formulado, recientemente y a propósito de los cuadros de Javier Toro que reside en Medellín y cultiva el difícil aspecto del desnudo artístico. Es cierto que algunos de sus motivos exceden, en nuestro sentir, algunas fronteras entre lo estético y el crudo realismo sin embargo, en muchas de sus obras hallamos el elemento contenedor que suprime exageraciones y transforma en esencia poética la delicadeza de la mujer. y he aquí, precisamente, la tarea que compete al genuino cultor de la belleza: obtener eso inefable, prácticamente intraducible, que brota en la atmósfera creadora y que pugna por salir a la luz.
Conjugar la idealidad con la presencia rotunda de la materia es visión ineludible del artista. Y si lo alcanza, a llegado a la meta ideal de su labor. La belleza es, por consiguiente, un ansia que persigue hacerse tangible en el cuadro o en la escultura. Javier Toro, muy joven todavía se asoma a un panorama estético comprometedor, pero que él como autentica figura del arte contemporáneo sabrá entender en su complejidad para la obtención de su ensueño artístico.
Por Jorge Montoya Toro
El Colombiano, Noviembre 19 de 1989
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